Los Legal Marketers nos parecemos cada vez a los políticos, quienes no son precisamente un buen referente. Y me refiero a la importancia que le damos a las palabras, en lugar de a los conceptos y específicamente a la fútil discusión sobre los términos Business Development y Marketing. La guerra de aquellos quee quieren ser identificados como Business Development y no como Marketing está presente en artículos, conferencias e, incluso, en tarjetas de visita.
La situación me recuerda a la vivida hace años con los términos marketing y comunicación, que realmente no lleva a ninguna parte. Siempre he pensado que lo importante no es el cargo de la tarjeta de visita sino lo que hacemos realmente en el despacho, las funciones que desplegamos y el grado de confianza que nos otorgan los socios. Ahora bien, hay límites. En un artículo que escribe Cherie Olland en el número 4 de la revista Legal Marketing, dice textualmente:
“Our lawyers needed a clear understanding of the difference between business development and marketing. And that understanding needed to be anchored with cold, hard dollar signs. I mean the most basic of dollar signs: what makes money and what costs money”.
Las palabras están al servicio de la claridad del mensaje (y si no … que se lo digan a los académicos de la RAE y las palabras que les toca admitir …), pero cuando están claramente definidas, no hay necesidad de destinarle esfuerzos. Me parece presuntuoso que los profesionales del marketing legal lleguemos con décadas de retraso a la teoría y práctica del marketing, y decidamos redefinir términos ya clarificados y acordados. Marketing es el proceso de gestión responsable de identificar, satisfacer y anticipar necesidades de los clientes de forma rentable y eficiente y por ello el desarrollo de negocio es función del marketing. O ¿es que conocidos “marketinianos” como Kotler o Trout no asisten a sus clientes en la definición de nuevos mercados o en la concepción de nuevos servicios?.
Si la razón es evitar susceptibilidades y obviar el desconocimiento sobre la función del marketing de los abogados, es perfecto el razonamiento de cambiar el nombre de la función en el despacho, puesto que el objetivo final es que podamos desarrollar nuestra actividades en su máxima expresión. Ahora bien, tampoco tiremos piedras contra nuestro propio tejado.

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