¡Qué paradoja! Cuanto más avanzamos en marketing en despachos, más descuidamos el propio marketing del departamento que lo realiza. No es extraño, el famoso refrán “en casa del herrero…”, se cumple muy a menudo: bufetes que no registran su marca, consultores que no cuentan con un business plan y…departamentos de marketing que no gestionan adecuadamente las expectativas de sus clientes: ¡los propios abogados!.  

No es casualidad. Algún día me gustaría hacer un estudio sobre los perfiles de los directores de marketing y seguro que un alto porcentaje cuentan con iniciativa hasta el infinito, creatividad desbordada, dedican horas y horas a leer lo que cae en sus manos, tienen limitaciones a la hora de delegar y, por supuesto, no saben decir que no. No es extraño, durante años hemos tenido que convencer, y autoconvencernos, que el puesto tenía sentido y generaba rentabilidad, no hemos tenido grandes defensores – externos ni internos – y no hemos contado con grandes recursos de ningún tipo. Es un poco como cuando la mujer se incorporó al mercado laboral y tenía que demostrar que la confianza estaba bien depositada.  

Pero esta situación, afortunadamente, está pasando y tendríamos que dedicar un tiempo al año y hacer el Plan de Marketing de nuestro departamento:  ¿Cuáles son los objetivos del Departamento? ¿Con qué recursos contamos para alcanzarlos? ¿Quiénes son nuestros “clientes” más rentables? Y ¿aquellos con quienes más disfrutamos? ¿Saben nuestros “potenciales clientes” a qué nos dedicamos? ¿y qué encima, lo hacemos muy bien? ¿Cómo nos perciben? Y ¿cómo queremos nos perciban?.